La inesperada e inusual renuncia del Papa Benedicto XVI el pasado febrero, removió los duros y anquilosados cimientos de la Iglesia católica, la única institución contemporánea con remanentes medievales, con un sistema de poder vertical que excluye a las mujeres y a sus fieles, a quienes ve como ovejas a las que debe guiar. Funciona como . . .