Recuerdo que de niño, ya era símbolo de estatus y buen gusto comer con una botella de refresco sobre la mesa. En ocasiones especiales o cumpleaños, mi mamá nos mandaba a comprar tres Coca Colas grandes a la tienda de junto—éramos ocho. Los refrescos en México son “un lujo” que traspasa los grupos sociales, y es posible encontrarlos desde el pueblo más remoto—donde quizá no haya agua ni leche—hasta el supermercado más sofisticado.
En ese…