La ciudad y el barrio se impregnaban de aromas y colores distintos una o dos semanas antes del 2 de noviembre, en esos otoños discretos del centro de México. Las panaderías llenaban sus escaparates con grandes y pequeñas hojaldras, con o sin azúcar, y pan de dulce o sal con diseños de muertos, huesos o calaveras. Las flores de cempasúchil invadían el ambiente, alfombrando los campos con su amarillo brillante, casi naranja, acompañando también las…