Mujeres al abordaje

09/05/2019

Entre los problemas más serios de la creciente violencia contra los diversos grupos sociales de México, se ha destacado la ejercida contra las mujeres. No sólo es violencia física, sexual, sicológica y verbal que por desgracia se da en el ámbito familiar, sino que ahora se les mata sólo por ser mujeres. A esto le han llamado en español “feminicidios.” El término se ha extendido por el mundo junto con este crimen. 

Los expertos no logran establecer causas específicas, más allá de razones conocidas como la misoginia del machismo prevaleciente, falta de civilidad, violencia general en tiempos recientes por las recurrentes crisis económicas, pobreza y desigualdad, aumento de robos y asaltos en ciudades y en especial el fortalecimiento del crimen organizado por el tráfico y consumo de drogas en Estados Unidos y Europa. 

Al declarar el Presidente Calderón la guerra contra las drogas en 2006, y capturar o eliminar a capos importantes, la violencia se recrudeció, junto a la división y reacomodo de liderazgos criminales, empezando a diversificar sus negocios con secuestros, extorciones, robos, tráfico humano y amenazas a policías y autoridades, corrompiéndolas y teniéndolas bajo control en grandes extensiones del territorio mexicano.

Así, las autoridades ya corruptas, ahora tenían que obedecer a los criminales so pena de muerte. Los asesinatos de autoridades y candidatos de todos los partidos a puestos de todo nivel aumentaron, además de matar a periodistas que reportaban esto. Hay que agregar la enorme disponibilidad de armas largas que estos criminales trafican desde Estados Unidos, donde sabemos que el control es laxo. Así que ahora superan en armamento sofisticado a policías, e incluso al ejército, marina y policía federal, sacadas a las calles también desde 2006. 

Sin oposición real del estado contra crimen y violencia, y un sistema judicial corrupto e ineficiente donde prevalecen impunidad, tortura y fabricación de delitos, favoreciendo a poderosos y adinerados, cualquiera asalta, roba o mata a cualquiera, sin que haya autoridad ni justicia que funcionen. En este ambiente andan las mujeres, expuestas así a abusos, violaciones y asesinatos.

Recordemos la cantidad de mujeres muertas en la década de 1990 en Juárez, ciudad fronteriza del estado de Chihuahua, justo cuando empezaban a darse crímenes como secuestros y extorciones por la gran crisis económica de 1994-95. Estos feminicidios fueron algo inusual. El crimen organizado controlaba la ciudad y las maquiladoras de la globalización contrataban mujeres jóvenes que llegaban de todas partes.

Cuando era niño, debía acompañar a mi hermana mayor cuando salía con sus amigas, para que en la calle no la molestaran los hombres con insinuaciones o piropos indeseados. Siendo un niño, yo no impresionaba a nadie, y también era víctima de los comentarios vulgares de esos hombres. Esto aún es muy común en las calles de México. Muchos hombres se sienten con derecho a decir o hacer cualquier cosa a cualquier mujer en la calle o el transporte, en especial a las más jóvenes y atractivas. 

Aunque en mi casa estábamos educados para respetar a las mujeres, me fue claro desde los 7 u 8 años, que los hombres teníamos que ver a las mujeres como objetos a nuestra disposición, aun si la posibilidad real fuera nula. Por eso, ante la evidencia de que una joven como mi hermana no estuviera al alcance de esos hombres de la calle, era ahí donde ellos podía ejercer su poder machista, sabiendo que su condición y desigualdad social les negaba acceder a ella.

Ahora, ante tanta violencia, abusos, violaciones y feminicidios, y tras el incidente de una chica que fue violada por policías de una patrulla que dijeron protegerla cuando volvía de una fiesta, se organizó una marcha de protesta de mujeres en la ciudad de México el pasado 16 de agosto. Se agregaron contingentes de otros estados, además de organizar sus propias marchas de protesta en otras ciudades.

Las convocantes eran muchas y de diversos grupos, desde feministas e intelectuales hasta grupos callejeros y anarquistas. Pidieron que a la marcha no asistieran hombres y que los medios enviaran reporteras; pero eso no ocurrió. Como otras veces, hubo muchos hombres que marcharon con las mujeres, y no todos los medios enviaron mujeres. Entre las peticiones a Claudia Sheinbaum, alcaldesa de la ciudad, estaban procesar a los policías culpables y educarlos contra la violencia de género, y detener todos los abusos contra mujeres.

La marcha, sin embargo, no destacó por su intención, sino por salirse de control, cuando hombres y mujeres con el rostro cubierto empezaron a vandalizar una estación de autobús y otra de policía, además de grafitear el principal monumento de la ciudad y otros edificios. Empezaron a golpear a los hombres que encontraban y a los reporteros y camarógrafos de los medios. El peor caso fue cuando un joven golpeó y noqueó a un reportero que transmitía en vivo. Muchos acusaron a estos violentos de infiltrados, enviados para arruinar la protesta, como ocurre con frecuencia. Así la gran marcha contra la violencia de género perdió su propósito original.