Gabriel Romo recuerda los veranos que crecieron en la península de Point Reyes como una época de aventura sin límites: Atrapar ranas, nadar en la Bahía de Tomales, correr descalzo a través de ondulantes praderas y, en noches sin niebla, tumbado bajo las estrellas. Los días se extendieron ante él y su hermano mayor, Eduardo, mientras recorrían el paisaje con el tipo de libertad que solo ofrece la infancia. Sin servicio celular o wifi, sus…