“Roma,” Yalitza y racismo

03/13/2019

Mucho se ha hablado de la película mexicana “Roma,” nominada a 10 Óscares y premiada con 3, escrita y dirigida por Alfonso Cuarón. Desde su inicial premio a la mejor película en el Festival de Cine de Venecia en agosto de 2018, empezó a cosechar trofeos y a volverse un fenómeno mundial, creando orgullo, críticas y controversias en México. 

La trama es la infancia del cineasta a principios de los años 70 en Ciudad de México. Cleo es una de dos sirvientas indígenas mixtecas de esta familia de clase media alta. El padre, médico de profesión, abandona a Sofía, la esposa, y a sus hijos. Cleo queda embarazada de un novio que la culpa, rechaza y abandona. Al final, su bebé nace muerto. A las dos mujeres las entrelaza la tragedia, el abandono y su fortaleza y rol femenino en la familia, aunque el sitio de cada una por su origen social y racial, permanece.

Yalitza Aparicio es Cleo, el personaje principal. Encargada de los quehaceres de la casa (guisa, limpia, lava, plancha, compra), y de la estabilidad emocional de la familia (atiende, levanta y acuesta a los niños, los consuela y juega con ellos). Como muchos de estos sirvientes, parecieran ser incluidos en la familia, pero sólo por su trabajo para satisfacerle necesidades de limpieza, cuidado y alimentación.

“Roma” fue producida y distribuida por Netflix, en una apuesta desafiante para Hollywood y la academia que otorga los Óscar, creando otra controversia. Esta plataforma digital limitó su proyección en cines, obligando a verla sólo en Netflix, pagando además muchos millones para promoverla y pasearla por festivales europeos, norteamericanos y otros.

En México desató varias polémicas que aún persisten. Lanzó al estrellato a una figura improbable en un mundo de cine y actuación dominado por blancos y apellidos destacados: Yalitza, joven de familia indígena en una comunidad mixteca de Oaxaca, logró estudiar para maestra de preescolar y estaba lista para trabajar, cuando un día su hermana le pidió acompañarla a una audición para una película. Los agentes de Cuarón buscaban quien diera vida a su personaje principal.

La hermana, molesta por su avanzado embarazo, empujó a la tímida Yalitza a pasar la audición en su lugar, y esta joven sin experiencia actoral, con modestia y desenvolvimiento naturales, terminaría siendo elegida por el afamado director. Un año después de la filmación, Yalitza y Marina de Tavira, actriz profesional en el papel de Sofía, pero también desconocida, viajaron varios meses presentando la película hasta llegar al Óscar, saltando a una fama jamás imaginada.

La mayor controversia ha sido el origen étnico y social de Yalitza. Una mujer indígena, pobre, con piel obscura sin rasgos europeos, que no es actriz profesional, no podía representar a México, protestaron muchos en redes sociales, radio y televisión. Especialmente cuando varias revistas internacionales pusieron a Yalitza en sus portadas y famosos modistos la vistieron para sus presentaciones. Pero con igual ímpetu respondieron quienes consideraron tales comentarios discriminadores y racistas. Como ya se impone lo políticamente correcto, prevalecieron éstos últimos, y Yalitza, Marina y Cuarón no entraron en la controversia y sólo reivindicaron derechos iguales para todos.

Aún siendo positiva, esta polémica sacó a luz una situación social vigente que viene de lejos en la historia. En México, racismo y clasismo transcienden incluso esta loable tendencia a que desaparezcan, y se expresan silenciosa pero intensamente en casi todos los aspectos de la vida pública y privada. Nació con la colonización española tras la derrota azteca a manos de Hernán Cortés, desarrollándose por tres siglos, pasando por la independencia hace 200 años y continuando hasta este siglo 21.

Parece tan natural que los ricos que controlan la economía del país, incluyendo las industrias del cine y televisión, sean blancos o con aspecto europeo, que Yalitza dijo que jamás pensó ser actriz pues no hay gente de color en esa industria. La gente ve tan natural la relación entre actividades y razas, que se asume que indígenas y gente de color no puedan ser profesionistas, médicos, ingenieros, abogados, etc., ni actores de cine, telenovelas o presentadores de televisión.

La cuestión racial y sus diferencias y distinciones en el mundo están ligadas a una historia de invasiones,  colonizaciones, explotación y esclavitud de personas en continentes como África y América, casi siempre por parte de europeos. Los descendientes de africanos esclavizados en Estados Unidos y las Américas y de indígenas originales explotados siguen pagando con desprecio, discriminación y pobreza, mientras los descendientes de blancos privilegiados imponen que esto se asuma como normal, dando como prueba la realidad que así lo refleja.

Cuarón y Yalitza, aún interpretando esta realidad femenina, con una indígena pobre que habla otra lengua, trabajando para una familia mexicana blanca de clase media en una película triunfadora, que agrega suntuosidad, glamur y la alfombra roja de los Óscar en Hollywood, acaban cuestionando la segregación discriminatoria actual contra grandes grupos de la población aquí, en México y el mundo entero.

 

Victor Reyes is a translator, teacher and native of Puebla, Mexico with decades-long ties to the Light. He lives in Cotati. An English translation of this column will appear in an upcoming edition, and both versions will be posted at ptreyeslight.com.