Equal opportunity “illegals”—“Ilegales” con igualdad de oportunidades

04/17/2014

I just heard that someone I know was arrested and deported for being in this country illegally. She was Nicaraguan, crossed the border near Nogales and has lived here for almost 20 years. She worked hard, paid taxes and raised exemplary children, none of whom have ever been arrested or suspected of so much as a misdemeanor, but all of whom now face deportation. 

The operative word in that sentence is “the,” as in “the border,” implying that there is only one border to the United States. There are two, and while we spend billions patrolling and fortifying the southern border with an almost impenetrable wall, one can easily walk, swim and at some places—with the right vehicle—even drive across the northern border (which is why the numerous terrorists who have entered the U.S. since 9/11 prefer to cross that one). 

But this isn’t about terrorists. What I really want to tell you is that four members of my family, parents with two children, crossed the northern border over 35 years ago and lived comfortably in various American states and communities without even once being asked for their “alien registration cards” or suspected by neighbors or authorities of being “undocumented” or “illegal,” both of which they were. Without exception all four members of the family were able to obtain driver’s licenses, social security cards and other essential I.D. that allowed them to live and work pretty much wherever they wanted to. And the kids went to public school in whatever community they lived in. The family bought a house and took out a mortgage to pay for it. In over 30 years no one asked the father, his French wife or either of their children for proof of citizenship. 

I can out them now because they have all left the country for good. Part of the time they were assumed Americans, they lived in San Geronimo Valley, where neighbors were routinely arrested, suspected of crimes, imprisoned and deported for being here illegally. Those neighbors were without exception Latino. Other Canadian and Euro-caucasians we knew to be without green cards, in the same community, were never approached or suspected of being there illegally. And in terms of being exemplary, communitarian, law-abiding citizens, none of them, including any members of my family, held a candle to my acquaintance from Nicaragua.

Does this not seem like a good time to practice fair and just immigration in America, and to treat all “illegals” and both American borders as equals?

 

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Acabo de oír que una persona que conozco fue arrestada y deportada por estar en el país de manera ilegal. Se trata de una mujer nicaragüense que cruzó la frontera cerca de Nogales, y que vivió aquí durante casi 20 años. Trabajó duro, pagó sus impuestos y crió a unos hijos ejemplares, ninguno de los cuales fue nunca detenido o considerado sospechoso ni siquiera de un delito menor y, sin embargo, ahora todos ellos enfrentan proceso de deportación. 

La palabra clave en todo esto es “la,” como en “la frontera,” lo que implica que sólo hay una frontera en los Estados Unidos. Pero en realidad hay dos, y mientras gastamos miles de millones en patrullaje y fortificación de la frontera sur con un muro casi impenetrable, por la frontera norte se puede llegar fácilmente a pie, nadando y en algunos lugares incluso es posible cruzarla conduciendo el vehículo adecuado (razón por la cual los numerosos terroristas que han entrado a Estados Unidos desde el 9/11 han preferido cruzar por esta frontera).

Pero aquí no se trata de terroristas. Lo que realmente quiero decir es que cuatro miembros de mi familia, dos padres y sus dos hijos, cruzaron la frontera norte hace más de 35 años, y luego vivieron cómodamente en varios estados y comunidades estadounidenses, sin que una sola vez nadie les hayan pedido sus “tarjetas verdes” de estancia legal para extranjeros, o hayan sido vistos como sospechosos de ser “indocumentados” o “ilegales” por vecinos o autoridades, a pesar de que lo eran. Sin excepción, esos cuatro miembros de mi familia pudieron obtener licencias de conducir, tarjetas del seguro social e identificaciones esenciales que les permitieron vivir y trabajar más o menos donde quisieran. Y sus hijos fueron a escuelas públicas en las comunidades donde vivieron. La familia compró una casa haciéndose de una hipoteca y así poder pagarla. En más de 30 años, nadie les pidió al padre, a su esposa francesa o cualquiera de sus hijos ninguna prueba de su ciudadanía.

Puedo mencionarlos aquí ahora porque ya todos han abandonado el país para siempre. Parte del tiempo en que se creía eran estadounidenses, cuando vivían en el valle de San Gerónimo, de manera rutinaria algunos vecinos fueron detenidos, otros considerados sospechosos de crímenes, encarcelados o incluso deportados por estar aquí ilegalmente. Estos últimos fueron sin excepción latinos. Otros canadienses y europeos blancos, que sabíamos que no tenían tarjetas de residencia en esa misma comunidad, nunca fueron abordados o considerados sospechosos de vivir aquí ilegalmente. Y a propósito de ser ciudadanos ejemplares y miembros de la comunidad respetuosos de la ley, ninguno de ellos, incluidos los miembros de mi familia, encendieron siquiera una veladora para mi conocida nicaragüense.

¿No es éste un buen momento como para practicar una política migratoria justa y equitativa en Estados Unidos y así tratar a todos los inmigrantes “ilegales” y a ambas fronteras estadounidenses por igual?

 

Mark Dowie is legal. He lives, writes and swims off Willow Point.