Obesidad, diabetes y Coca Cola en México

10/24/2013

Recuerdo que de niño, ya era símbolo de estatus y buen gusto comer con una botella de refresco sobre la mesa. En ocasiones especiales o cumpleaños, mi mamá nos mandaba a comprar tres Coca Colas grandes a la tienda de junto—éramos ocho. Los refrescos en México son “un lujo” que traspasa los grupos sociales, y es posible encontrarlos desde el pueblo más remoto—donde quizá no haya agua ni  leche—hasta el supermercado más sofisticado. 

En ese entonces, ya había pastelitos empacados marca Bimbo, Marinela o Wonder, pero todavía no arrasaban con el mercado del tradicional pan dulce de las panaderías, que aunque pocas, aún existen. Lo mismo ocurría con las papas “sabritas” y las frituras y alimentos llamados “chatarra.” Ya no hay escuela, fiesta o situación social donde no imperen estos productos. Empresas como Pepsico o Bimbo han acaparado el mercado, saturando la mente de niños y jóvenes con la idea de que ésos son los alimentos para ellos, con anuncios y trucos publicitarios en televisión y otros medios, usando sofisticada mercadotecnia estadunidense. 

México ocupa ya el liderato mundial de obesidad, sólo detrás de Estados Unidos, con serios problemas de salud, como la diabetes. Entre los 35 países más grandes del mundo, tiene las tasas más altas de mortalidad causada por el consumo de bebidas azucaradas. Por su cercanía con Estados Unidos, México ha tomado muchos de sus productos y costumbres, adaptándolos a su realidad más pobre, no siempre con buenos resultados. Desde que surgió la Coca Cola, los mexicanos han tomado el gusto por las bebidas gaseosas, hasta ser el país que más refrescos consume en el mundo, con 19 litros de bebidas gaseosa al mes por familia. Para 2010, los mexicanos consumían 675 botellas de Coca Cola de 8 onzas per cápita al año—más que nadie en el mundo—contra 394 en Estados Unidos. 

Un estudio de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados en 2010, reveló que las 230 plantas embotelladoras del país comercializan 300 millones de cajas al año. Con una población casi tres veces menor, México ocupa el segundo lugar en importancia en ventas de refrescos, después de Estados Unidos (EU).
Lo mismo ocurre con las sopas instantáneas. Datos de estudiosos afirman que para 1988 los mexicanos consumían 73 mil 920 sopas a la semana procedentes de EU, y para 2004 habían aumentado a 134 millones 600 mil. Del total de sopas y caldos exportado por EU, México compra 67 por ciento: 15 por ciento del consumo mundial. Uno de cada cinco niños y tres de cada 10 mujeres tiene problemas de salud relacionados con este consumo, superando a EU. Los hábitos alimenticios de los mexicanos han cambiado para empeorar, devastando su salud y el gasto público en ese rubro, pero enriqueciendo a las corporaciones que los producen. 

Ante esta situación y las constantes denuncias de estudiosos y organizaciones no gubernamentales (ONG), en la pasada administración, los legisladores mexicanos decidieron intervenir en el problema, reformando leyes y prohibiendo el consumo de bebidas azucaradas y alimentos chatarra en escuelas y otros lugares públicos. Sin embargo, el embate de las corporaciones y sus aliados, como la televisión, impidieron su cabal implementación, revirtiendo los resultados. 

Ahora, el nuevo gobierno de Peña Nieto en su reforma fiscal ha impulsado pagos de impuestos adicionales en refrescos y bebidas azucaradas, para disminuir y desalentar su consumo, así como el de otros productos que causan obesidad, sobrepeso y otras enfermedades. Nuevamente, los productores se han defendido y atacado la reforma. Han pagado caras compañías extranjeras de cabildeo (un millón de dólares por medida cancelada), para que influyan en los legisladores. También han sacado caros desplegados en periódicos de circulación nacional diciendo que sus productos son la única fuente de proteínas para los pobres, y usado anuncios engañosos con sus aliados televisivos. A través de éstos, han tratado de impedir anuncios informativos de ONGs y otras defensoras del consumidor, usando excusas legaloides y administrativas.

En los pocos programas de debate en televisoras públicas y algunos programas de radio, los representantes de los productores de alimentos chatarra y bebidas azucaradas se han negado a participar, y ahora, cuando la reforma está prácticamente aprobada en el Congreso, han lanzado una abierta campaña de supuesta protesta laboral, amenazando con despedir a 10 mil trabajadores de inmediato y a muchos más a mediano plazo, afirmando que las medidas van a afectar la economía y el crecimiento del país y que la gente no va a responder sólo porque los productos sean más caros, pues los considera necesarios y son parte de su cultura.

Ya veremos cuál es el resultado final, y qué tanto se imponen la razón y el sentido común para proteger la salud de la gente, principalmente de los pobres, o la fuerza del dinero y los intereses especiales de Coca Cola, Bimbo y Pepsico, entre otras.

 

Victor Reyes is a Sonoma County-based translator, language teacher and writer, and a native of Puebla, Mexico. An English version of this column will be printed in next week’s edition.