México en 2013

01/03/2014

A primera vista todo parecería normal: gente yendo y viniendo a pie, en autos, autobuses, motocicletas o bicicletas; gran movimiento en tiendas, centros comerciales, mercados y restaurantes; paseando en el centro de la ciudad, parques y lugares de interés, iglesias, museos y más, todos metidos en la gran espiral decembrina de las fiestas, con ornamentos propios y extraños, luces, árboles, nacimientos, santa closes, reyes magos y las cenas de Navidad y Año Nuevo y, en enero, los juguetes a los niños el día de Reyes y la partida de la rosca. 

Pero, adentrándome más y hablando con la gente, observándola más de cerca y viendo los resultados oficiales anuales de la economía y la política mexicanas, las conclusiones no son del todo buenas. En las colas de supermercados o viendo las bolsas de compradores, la cantidad de productos adquiridos es reducida. Los salarios también. Casi 80 por ciento de los empleados ganan entre uno y cuatro salarios mínimos, entre seis y 25 dólares al día. La economía se contrajo al 1 por ciento en 2013.

Un buen salario promedio entre empleados considerados clase media es de unos 9 mil pesos mensuales, poco más de 700 dólares. Claro, los productos y servicios básicos son relativamente más baratos. Pero hay quienes ganan mucho más, como algunos profesionistas, dueños y ejecutivos de empresas, y políticos, altos burócratas y gobernantes, que se asignan salarios iguales o mayores a los de sus colegas de Estados Unidos, sin considerar que el costo de la vida y los salarios en México son mucho menores; así que, proporcionalmente, ganan más.

Abundan historias de desempleados o subempleados y de quienes esperan meses por el pago de servicios o trabajos que les adeudan. 60 por ciento de trabajadores se dedican a actividades informales—sin registro, seguros ni pago de impuestos—incluyendo la venta de productos chinos, robados o pirata, que reducen los precios al extremo y aumentan el consumo de una mayoría que de otra manera no podría tenerlos. Los artículos originales promovidos por televisión y otros medios son casi sólo para los pocos ricos que pueden comprarlos, mientras la mayoría restante los adquiere, si acaso, con grandes sacrificios, arreglados o reconstruidos o bien compra copias ilegales de los mismos.

El año político fue intenso. El 1 de diciembre de 2012 volvió a la presidencia del país el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que había perdido el poder en 2000, tras 71 años de una falsa democracia, creando instituciones y corporaciones dependientes que así lo apoyaban. Fox y Calderón, los presidentes del Partido Acción Nacional (PAN) elegidos en 2000 y 2006, en el periodo que los mexicanos creyeron era el advenimiento de la verdadera democracia, fallaron en desmantelar esa estructura corporativista y clientelar del PRI, con toda su cauda de corrupción y, al contrario, la fortalecieron, pero ya sin controlarla, como los presidentes absolutistas del PRI.

Enrique Peña Nieto, del PRI, gobernó en 2013 prometiendo grandes cambios. Sus antecesores del PAN trataron que se legislara para realizar las reformas estructurales para el desarrollo del país, que los expertos coincidían que eran necesarias para avanzar. Sin mayoría de su partido en el Congreso, sus iniciativas fracasaron, con el PRI negándose a aprobarlas. Irónicamente, ahora Peña Nieto --del PRI-- impulsó estas reformas y, aprovechando la debilidad de los dos principales partidos opositores, el derechista PAN y el centroizquierdista PRD (Partido de la Revolución Democrática), se alió en un pacto con ellos, para evitar que sus congresistas se opusieran a las reformas, como revancha a la actitud anterior del PRI.

El resultado puede parecer importante, pues se propusieron y aprobaron diversas reformas a nivel político, económico y social, destacando siete mayores—¡más que en los últimos 25 años!—que en teoría cambiarán la realidad económica mexicana. La premura hizo que algunas quedaran malhechas, aunque susceptibles de mejorase (o manipularse) con las leyes secundarias que aún requieren. Al final se aprobó la mayor de todas, la reforma energética, con importantes cambios constitucionales, y la oposición total del PRD, lo que desarticuló el pacto.

Hubo reforma educativa, laboral, reforma hacendaria o fiscal, electoral, de transparencia, financiera y la más importante: la energética. Su alcance promete un México diferente y moderno, según Peña, aunque a mediano y largo plazo. Sus opositores piensan que si persiste la corrupción y la falta del estado de derecho (no se aplica la ley), los beneficiarios serán los poderosos de siempre y persistirán la pobreza y la criminalidad. Tras una radical baja del crecimiento económico en 2013, se prevé un mejor 2014 con las reformas, el aumento del gasto público e inversión de compañías extranjeras en la paraestatal petrolera PEMEX, en energía eléctrica y gas, abiertos por vez primera a grupos privados gracias a esta reforma energética.

Pero el pesimismo abunda, la aprobación de Peña baja, la violencia continúa y los cárteles de las drogas fortifican nuevas actividades como robo, extorsión, chantaje, secuestro, trata de personas y migrantes, con mayor corrupción y control de importantes segmentos de la economía y el gobierno, incluyendo policías y parte del ejército y la marina. ¡Feliz 2014! 

 

Victor Reyes is a translator, teacher, writer and native of Puebla, Mexico with decades-old ties to the Light. An English-language version of this column will appear in next week’s edition.